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La hora de la comunidad

02-10-2017 - Jordi Iñesta

La hora de la comunidad

Lo que la traición del suelo nos ha abierto es la oportunidad de pensarnos de nuevo, de hacernos de manera diferente.

Jesús Silva Herzog-Márquez

México es un país dividido por sus brechas sociales, económicas, educativas, de clase, tecnológicas, etc. Sin embargo, a partir de las tragedias de septiembre, por un breve momento esas brechas parecieron borrarse, o al menos dejaron de importar: el deseo de ayudar en la emergencia o aliviar el dolor del otro, de pronto nos igualó, y tal como comentó en su artículo Jesús Silva Herzog-Marquez, emergió un nosotros que muchos no habíamos experimentado.

Pero incluso para quienes vivimos en zonas afectadas por los terremotos, por fuerza estos días hemos tenido que empezar a retomar nuestra vida cotidiana: el trabajo, los proyectos, los pendientes. Quienes tuvimos la suerte de no perder nuestro hogar o a algún ser querido, las cosas empiezan a retomar cierta “normalidad”, pero para muchos mexicanos no hay normalidad posible a la cual retornar: por la ausencia de un ser querido, o de un espacio para llamar “hogar,” escuela, o trabajo.

¿Cómo volver a los afanes habituales después de vivir lo extraordinario? ¿Qué va a pasar con ese impulso generoso y ese sentirnos como hermanos? ¿Cómo podemos estirar esta épica que nos pertenece? ¿Cómo hacer para no olvidarnos de los que tanto perdieron? ¿Cómo nunca olvidar a los que siempre han necesitado tanto?

Son muchos los recuentos sobre todo aquello en lo que tenemos que ocuparnos para salir fortalecidos como país tras estas horas difíciles. Destaco el recuento realizado por Alejandro Hope en El Universal, y retomado por diversos medios (Pictoline hizo una infografía al respecto: la puedes ver aquí), donde se detallan los muchos frentes que como sociedad debemos atender.

Nosotros queremos retomar algunos aspectos que consideramos clave:

1. Empieza por los que tienes cerca

No nos referimos a las llamadas redes sociales, aunque estas seguirán siendo un instrumento muy necesario en esta nueva etapa. Nos referimos a los grupos de amigos, familiares, compañeros de trabajo, o escuela que te rodean.

Si tienes la suerte de no haber perdido tu hogar o a algún miembro de tu familia, es probable que entre tus amigos o conocidos haya alguien que sí esté en esa situación. Y aún si no lo conoces de primera mano, sin duda tienes amigos que tienen algún amigo cercano que sufrieron la pérdida de su hogar. Lo primero es no olvidarnos de los cercanos y tratar de garantizar una red de apoyo para ayudarlos y acompañarlos hasta que puedan reconstruir su modo de vida.

En muchos casos esas redes de apoyo ya se formaron naturalmente: quienes dan techo a sus amigos o familiares, por ejemplo, o quienes abrieron su closet para que otro tomara lo que necesitara. Pero van a pasar muchos meses antes de que quienes no tienen casa puedan recuperar un espacio propio y reponerse de sus pérdidas materiales (ropa, computadora, papeles de identidad, trabajo y sueldo en algunos casos… hay muchos que perdieron todo). Así que es un esfuerzo de largo aliento, y conviene organizarse entre los amigos para poder extender el apoyo en el tiempo.

Y si no estás en ninguna red de soporte de alguien (o de algunos), pregunta a tus amigos si tienen algún damnificado al que estén apoyando, y súmate y ayuda a organizarlos. Ningún aporte es menor: desde ropa hasta algo de dinero para formar una “vaquita” semanal.

No olvides que hay personas que además sufrieron daños en su cuerpo, y requerirán rehabilitación especializada. Si estás en una red que apoya a alguien en un caso así, acércate a los familiares o, si éstos no están cerca, a los mismos doctores, para saber qué cuidados especiales necesitarán… y sobre todo: hazlo saber a la red de soporte, porque entre todos podrán resolver mejor cualquier eventualidad.

2. Adopta un pueblo

Esta iniciativa la han hecho diversos opinólogos dirigida a empresarios. Pero nosotros pensamos que la oportunidad que abrió la tragedia es extender ese espíritu solidario que vivimos las primeras semanas a nuestro modo de ser cotidiano.

Muchos de los lugares más afectados en el interior del país, eran zonas de por sí muy necesitadas antes de los terremotos, y fácilmente pueden volver a caer en el abandono en el que han estado por décadas. Por eso pensamos que conviene seguir organizándonos, a pesar de nuestras rutinas cotidianas, para tratar de armar redes de soporte no sólo para nuestros cercanos, sino para extender la ayuda (y acompañamiento) a esas zonas siniestradas que antes del terremoto eran tan ajenas a nosotros. Así la reconstrucción puede devolvernos algo más que la superación material de la tragedia.

No se trata de que vayas todos los fines de semana a construir casas. Pensamos en algo más práctico y realista: tú y tus amigos pueden organizarse y elegir algún pueblo o colonia de los lugares afectados, informase de sus necesidades específicas (que son muy distintas de un lugar a otro) y extender (o reforzar) una red de acopio para ese lugar, buscando mantener un apoyo más extendido en el tiempo.

Si se forma un grupo de apoyo que además sea capaz de visitar dichos lugares, el seguimiento y solución a las necesidades contingentes podrá ser más eficiente, así como el seguimiento y vigilancia de las acciones de los gobiernos.

OJO: Por cuestiones de seguridad, si tú y tus amigos “adoptan” un pueblo rural, es importante que no acudan solos, sino en caravanas grandes. En caso de ser necesario, puedes pedir apoyo en redes sociales para que se organice un grupo más amplio.

3. Reactivar las economías

Esto se ha dicho mucho, pero no está de más reiterarlo. Y no me refiero a la economía macro, sino a las pequeñas economías locales de colonias, barrios y pueblos. Muchas tienditas, cafés o pequeños negocios están sin ingresos desde el terremoto.

Sobre todo si vives en una de las zonas afectadas, al menos los siguientes meses procura optar por los pequeños negocios, incluso puestitos callejeros. Compra en la tiendita aunque haya menos variedad, o alterna entre el changarrito y los supermercados. Y procura privilegiar productos hechos en México o ensamblados en nuestro país.

Ahora bien: si tienes conocimientos de economía o marketing, pregunta qué producen en el pueblo que tú y tus amigos adoptaron, y pónganse a pensar y a proponer mecanismos que puedan ayudar a reactivar también la economía de ese lugar. En una de esas encuentran maneras que provoquen prosperidad en lugares que nunca la han conocido.


Quizá estas ideas te suenan demasiado complicadas, pero si empiezas a platicarlas con tus amigos, verás que están mucho más a tu alcance de lo que crees. Es sólo cuestión de empezar.

En Pixelatl, a la par de algunos otros proyectos e iniciativas que aún estamos desarrollando para ayudar (proyectos nuestros o de nuestros amigos y aliados con quienes estamos colaborando), vamos a empezar a retomar nuestros trabajos y estrategias para impulsar la industria multimedia en México, porque seguimos convencidos que será una gran palanca para detonar el desarrollo económico de nuestro país.



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