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Al arranque

18-03-2012 - Jordi Iñesta

Al arranque

Bitácora | Reseñas

Pixelatl como proyecto inició con una primera investigación sobre la manera en que funcionaban las industrias del entretenimiento en diversos países del mundo, así como de los festivales, asociaciones y modelos de organización más destacados.

Se estudiaron más de 200 festivales y congresos alrededor del mundo, analizando sus temáticas y dinámicas, sus formatos y la manera de estructurar su trabajo. Por otro lado, se revisó la historia de la industria del cómic y la animación en 4 países relevantes en aquel momento, intentando descifrar los elementos que habían impulsado a la industria internacionalmente. Adicionalmente se investigaron dos modelos de asociaciones internacionales (en particular lo que habían hecho en 1987 en Europa), y se contrastaron con los intentos de asociaciones mexicanas de la industria, que se habían intentado en diversos momentos de nuestra historia.

Todo aquel análisis, que se extendió por muchos meses, derivó en una serie de hipótesis (seis en un inicio) sobre los factores que explicaban por qué, a pesar de la convergencia tecnológica y la multiplicación de las pantallas, la industria multimedia mexicana no destacaba en el mundo. Aunque dichas hipótesis han variado en su formulación a lo largo de los años (e incluso ahora las explicamos de manera distinta), podemos decir que las intuiciones fundamentales prevalecen.


1. México es un país con demasiadas brechas sociales

Esta situación falsea el tamaño de nuestro mercado interno (más de la mitad de la población utiliza sus recursos económicos sólo para sus necesidades básicas), y genera brechas en costumbres, usos, gustos e intereses que parecen implicar varios países radicalmente distintos dentro de nuestro mismo país.


2. No somos creadores de contenidos

Es una hipótesis derivada del punto anterior. Proporcionalmente hablando respecto al tamaño de nuestra población, somos un país que no genera nuevos contenidos (frente a la proporción poblacional de otros países). Es decir: un menor porcentaje de mexicanos quiere (o puede) desarrollar contenidos, frente a la proporción de otros países. Esta hipótesis tendría que validarse estadísticamente, pero lo que es un hecho evidente es que amplias capas de la población no posee las condiciones (económicas y educativas) para producir con calidad, inhibiendo las posibilidades creativas de muchos mexicanos.


3. Vivimos durante décadas con un monopolio televisivo.

Yo no creo en las grandes conspiraciones: televisa, a lo largo de su historia, tiene muchas sombras, pero también tiene luces. Sin embargo, es un hecho que durante décadas, la gran mayoría de la población contó sólo con una opción de consumo de contenidos televisivos, lo que influyó también en los lenguajes narrativos que luego usamos los que intentamos desarrollar algo. Además, al privilegiar formatos específicos que por su costo-beneficio le convenían al monopolio, naturalmente se inhibió el surgimiento de narrativas alternativas.


4. Los creadores nacionales privilegian narrativas nacionales

Cuando en la década de 1990 surgió Conaculta y se destinó presupuesto público para apoyar a los creadores, la tendencia fue la opuesta a las “narrativas comerciales”... pero se llevó a niveles radicales. Tenemos entonces producciones que encantan al público culto de Francia, y que son indescifrables para la gran mayoría de los mexicanos. Durante décadas, en nuestros creadores (y críticos y funcionarios públicos), ha existido una extraña necesidad de "validación" en los círculos culturales internacionales, que los hacen despreciar (y descalificar) cualquier producto que piense en su público. Esto inhibe fuertemente el desarrollo de la industria.


5. No sabemos competir

Vivir durante décadas en una economía semi-cerrada, detonó vicios propios de países totalitarios: se privilegia el amigo antes que la calidad, se descalifica (y se trata de destruir) a la competencia, el tamaño de “las palancas” determinan las posibilidades de que un proyecto (bueno o malo) salga adelante, se busca sólo el beneficio propio sacrificando calidad... y el mercado pocas veces forma parte de la ecuación.


6. Vivimos una canibalización del mercado.

A consecuencia de la convergencia tecnológica que abarató los medios de producción, se detonó lo que en aquel entonces llamamos “canibalización del mercado”. Las agencias de publicidad (que en muchos países ayudan a mantener a los estudios cuando no están generando nuevos contenidos) se volcaron a contratar al más barato, lo que provocó dos cosas: una significativa disminución de la calidad, y una migración del talento a Estados Unidos.


Como antes comentamos, estas hipótesis iniciales han evolucionado a lo largo de los años que llevamos trabajando. Algunas se han matizado y otras se han reformulado. Sin embargo consideramos que era necesario dejar registro en esta bitácora, tanto de la investigación inicial que consumió muchas horas, como de estas primeras intuiciones, pues de ahí derivaron las primeras líneas de trabajo y las estrategias que empezamos a implementar, y de las que damos cuenta en esta bitácora.



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