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Economía de la generosidad: el Festival como un modelo

18-04-2016 - Jordi Iñesta | @inesta23

Economía de la generosidad: el Festival como un modelo

Bitácora | Filosofía

(Tercer artículo de cuatro). Lee la segunda parte de esta serie


Como explicábamos en el primer artículo de esta serie, Pixelatl nació con el objetivo de construir y gestionar estrategias que le permitan a la industria mexicana ganarse un mejor lugar en nuestro mercado y en el del mundo. Pero cuando decidimos empezar el proyecto con un nuevo festival, las reacciones no fueron halagüeñas. Nos decían que un festival más nunca iba a hacer la diferencia.

Sólo que nuestro objetivo no era hacer “un evento más”, sino empezar a articular a la industria creativa en torno a un espíritu nuevo, de colaboración y apoyo mutuo. Es decir, el Festival era un pretexto, parte de una estrategia, un espacio que nos permitiera, como industria, ensayar una experiencia nueva.

Con el tiempo lo hemos entendido mejor, y lo perfilamos como un modelo que ahora nombramos “Economía de la generosidad”. Vamos a intentar explicarlo por contraposición y con ejemplos.

En México (aunque no es exclusivo de nuestro país), los modelos empresariales inhiben el espíritu de colaboración: buscan sólo la mayor ventaja individual (ganancia) y no tienen reparo en explotar a los colaboradores, apropiarse de las ideas de otros, amedrentar legalmente o entorpecer a la competencia, ahorcar a los proveedores para generar dependencias desesperadas, y muchos otros etcéteras que provocan una dinámica de desconfianza permanente. En un contexto como ese, es natural que un creador tenga miedo de mostrar su trabajo a tantos “tiburones”, que prefiera desarrollar sus proyectos casi en solitario, y que viva al borde de la insolvencia económica.

Pero cualquier emprendimiento multimedia requiere colaboración, y no es posible colaborar desde la desconfianza. Por eso encontramos aquí uno de los principales retos de nuestra industria. Si queremos impulsarla, tenemos que aprender a trabajar juntos.

Por eso pensamos que en México necesitamos aprender de la generosidad. Todas las barreras (y los miedos) sociales se rompen cuando nos descubrimos sujetos de la generosidad de otros.

No es un argumento moral. Es un asunto económico. Los “dividendos” no sólo son sociales, pues un entorno generoso detona desarrollo. Ha sido un motor en las industrias creativas y tecnológicas de otros países y basta estudiarlas un poco para notarlo.

Sin embargo, en un entorno “empresarial” como el nuestro, la generosidad no se puede “aprender” con bellos discursos o elocuentes explicaciones. Es algo que tiene que vivirse. Por eso la primera estrategia de Pixelatl fue construir un espacio que favoreciera el encuentro y el intercambio en condiciones más simétricas que las que tenemos a diario en nuestro modo social de mexicanos. A pesar del idioma, la experiencia y la condición socioeconómica de quien viniera.

Para romper barreras y empujar a compartir. Es decir: a dar y recibir.

De eso se trata el festival que construimos e intentamos mantener. Un espacio de inspiración para los creadores, de transferencia de tips y conocimientos por parte de expertos, que busca generar un ambiente relajado y lúdico que permita al talento emerger, para favorecer la construcción de vínculos, colaboraciones y ayuda mutua en torno a las capacidades y el valor de cada emprendimiento... para comprender que podemos más si trabajamos juntos.

En resumen, lo que hoy llamamos “Economía de la Generosidad” y que intentamos ensayar en el festival, es un modelo de competencia en colaboración, donde las cualidades, el conocimiento y la trayectoria de cada uno se comparten y complementan; donde se entiende que, a través de cada proyecto de cada integrante, es como hacemos juntos crecer la industria, y que el éxito de uno nos beneficia a todos (y por eso vale la pena ayudarnos unos a otros).

Suena sencillo, pero no lo es tanto: implica la capacidad de reconocer y valorar las buenas ideas de los demás sin sentir que estamos en peligro, estar dispuestos a aportar y colaborar, y a reconocer y retribuir justamente cada aporte.

También implica riesgos, por supuesto. Compartir también nos vuelve vulnerables. No se trata de ser ingenuos ni aceptar a aquellos que abusan de la buena voluntad (que hay muchos), sino empezar a entendernos como una comunidad (a pesar de ellos), y reconocer que lo que hacemos o dejamos de hacer afecta a todos. Quienes son más analíticos quizá alcanzan a comprender que, al cabo, en estas nuevas condiciones donde lo que prevalece es el talento, pierden aquellos cuya cualidad es bluffear (es decir, farolear), porque se muestran como el rey que viste su ostentoso traje invisible. Ya está empezando a pasar.

Pero este espíritu de colaboración que buscamos ensayar y promover con el festival, no es suficiente para orientar a la industria creativa mexicana para que logre explotar todo su potencial. En el siguiente artículo (el cuarto y último de esta serie), hablaremos un poco de las otras estrategias de Pixelatl.


Este es el tercer artículo de una serie de cuatro.



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