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El regreso

30-01-2014 - Jordi Iñesta | @inesta23

El regreso

Bitácora | Reseña


Dicen que las crisis son también una oportunidad. Pero cuando estás en medio de una crisis, nada se ve claro. Así estábamos a inicios de 2014: muy desanimados por lo que habíamos vivido el año anterior (lo explicamos detalladamente aquí). Durante algunos meses (en los que tuvimos que buscar otras chambas para sobrevivir), llegamos a pensar que quizá Pixelatl había terminado.

Pero entonces sucedió algo: recibimos un mensaje de la directora del festival de animación de Annecy, uno de los más importantes del mundo. Ese año iban a hacer un focus en la animación en stop motion, y México tenía grandes exponentes en la materia, por lo que estaban pensando hacer una muestra con los mejores trabajos.

Emocionados nos comunicamos con Proméxico, que es la institución gubernamental que pensamos debía retomar el asunto y aprovecharlo para promover a los creadores mexicanos… y nos enteramos que ese año no tenían planes, ni presupuesto y, al parecer, tampoco interés para apoyar a la industria de la animación. Nos dimos cuenta que se iba a perder una gran oportunidad para los creadores mexicanos, y concluimos que no era el momento de rendirnos.

Así que, ya decididos a intentarlo una vez más, nos dimos a la tarea de analizar nuestras principales fallas. Y quizá la más importante tenía que ver con algo que no habíamos previsto en toda su crudeza cuando iniciamos Pixelatl. Me refiero a ese “modo chacal” que habíamos enfrentado en 2013, igual de funcionarios públicos que “nos querían apoyar”, que de supuestos gestores culturales y “empresarios” que nos habían defraudado.

También analizamos nuestra trayectoria y nuestro plan estratégico, y tomamos cuatro decisiones trascendentes para este nuevo intento.

La primera decisión: enfocarnos en conseguir apoyo de quienes sí valoraban lo que se hacía en México, o de quienes sí le entienden a la industria. Es decir: de quienes pudieran reconocer el potencial de una iniciativa como Pixelatl. Ya habíamos aprendido que esos actores no estaban en México, así que teníamos que irlos a buscar a otros países.

Segunda decisión: Dado lo limitado de nuestro tiempo y capacidades, debíamos enfocar mejor nuestras fuerzas. Ubicamos las iniciativas que considerábamos estratégicas, y decidimos meter a la congeladora aquellas otras que no eran tan fundamentales en ese momento (en particular Fronteras, Movimenta y FxF).

La tercera decisión, que resultaría de gran trascendencia, fue añadir el componente “cómic” al Festival. La razón tiene que ver con la necesidad de promover a los ilustradores y creadores de cómic mexicanos, así como vincularlos con la incipiente industria de la animación (pues en realidad deberían de ser la misma industria).

Finalmente, la cuarta decisión importante era repensar el festival en una sede que fuera permanente… El asunto difícil era elegir cuál sería esa sede.

Tenía que ser en la zona centro, pues es más fácil llegar desde ambos extremos del país. La opción obvia era la Ciudad de México, pues siendo la de mayor concentración poblacional, y tras la primera edición del festival que había tenido muchísimos asistentes, aparentaba ser el camino que garantizaría una nutrida afluencia. Pero la Ciudad de México ya tiene demasiados eventos y, además, la experiencia de LagunaFest nos había dejado una importante enseñanza: aunque el número de asistentes fue menor, se había generado una sensación de intimidad y pertenencia muy significativa para todos: invitados y asistentes (la gran mayoría había tenido que viajar para asistir al festival).

Así que decidimos por Cuernavaca: una ciudad lo suficientemente cerca de la Ciudad de México, pero que implica que los creativos de ahí también tengan que viajar (así fuera sólo una hora). Es decir: no se desplazarían para escuchar una sola conferencia, sino que, si hacían el esfuerzo, pasarían más tiempo en el evento, y quizá podría volver ese ánimo que había sido lo más valioso de LagunaFest.

Hay que decir que cuando tomamos la decisión de que la sede fuera Cuernavaca, no había ninguna garantía de recibir apoyo de las autoridades locales (de hecho, durante la crisis de 2013, ya desesperados, habíamos recurrido a ellos en busca de apoyo, y no había existido el menor gesto o intención… todo lo contrario). Pero de pronto nos parecía la sede más pertinente: así que apostamos por ella.

Y así iniciamos la nueva etapa de Pixelatl.



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